Comentario de salud mental: «Cuando llueve por fuera… que no llueva por dentro»

Los días de lluvia tienen esa capacidad curiosa de meterse bajo la piel. A veces sin permiso. A veces sin darnos cuenta. Uno se levanta, corre la cortina, y lo primero que ve es ese cielo gris plomo, como si el día ya viniera triste de fábrica. Hace frío, todo está mojado, y de pronto uno piensa: “Qué lata…”, y casi sin saber por qué, te inunda un bajón.

Y es que no es casual. La mente humana funciona por asociación. Lluvia puede significar muchas cosas: estar empapado, enfermarse, cancelar planes al aire libre, sentirse encerrado, aislado, solo. Sumémosle a eso el colapso de la salud pública, las filas en los consultorios, el miedo a enfermarse… y tenemos el caldo de cultivo perfecto para que esa tristeza que venía escondida aflore con fuerza. Por eso no es raro que estos días grises activen en muchas personas ansiedad, tristeza, o incluso miedo. Y si alguien ya estaba triste, puede hundirse un poco más. Si alguien ya estaba deprimido, puede buscar salidas evasivas: alcohol, drogas, o en los casos más graves, pensar en quitarse la vida.

Sí, el clima influye. Pero no tiene la última palabra.

¿Y si cambiamos la imagen? Piénsalo así: si la mente asocia la lluvia al frío, al encierro o a la pena, ¿por qué no enseñarle a ver otra cosa? ¿Por qué no invitarla a asociar la lluvia al calor de una estufa, al abrazo compartido con alguien querido, al olor a sopaipillas recién hechas, a esa taza de té humeante que acompaña una buena conversa o una película de esas que te hacen reír y llorar con el alma?

La lluvia también puede ser sinónimo de refugio, de pausa, de descanso, de recogimiento. De quedarse en casa sin culpa, de leer por fin ese libro, de poner música suave mientras el agua golpea el techo y tú estás envuelto en una manta, acompañado del silencio y la calma.

Y es que, como dice Perales en su canción: “Estos días grises del otoño me ponen triste, pero al calor del fuego de mi hoguera te recuerdo hoy a ti que eres mi vida entera…”
Hasta la melancolía más honda puede transformarse en ternura, si la llenamos de recuerdos cálidos.

Tips para no dejarse llevar por los días grises:

  1. Arma tu ritual de lluvia: cada vez que llueva, haz algo que te guste. Una serie, un té, una receta rica. Dale a tu mente una razón para disfrutar el clima.
  2. Abrígate con intención: usa ropa cómoda y cálida. El cuerpo también influye en el estado de ánimo.
  3. Conéctate con otros: llama a un amigo, visita a un familiar, conversa con alguien. La conexión humana es medicina para el alma.
  4. Haz algo creativo: escribe, dibuja, ordena tus ideas. Transforma el encierro en tiempo fértil.
  5. Ejercítate, aunque sea en casa: el movimiento cambia la química de tu cuerpo. Hazlo aunque no tengas ganas.
  6. No te aísles emocionalmente: si estás pasando por un mal momento, busca ayuda. Un psicólogo, un consejero, alguien que escuche sin juzgar.

Por Nicolás Cerda Diez
Psicólogo Clínico

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