Comentario de salud mental: «Los libros: la puerta secreta de quienes sueñan despiertos»

En un mundo que gira a la velocidad de un dedo sobre la pantalla, donde la inmediatez parece la nueva ley universal, hemos ido olvidando una de las capacidades más hermosas y silenciosas del ser humano: la imaginación. Ese territorio íntimo, profundo y libre donde el pensamiento se expande, donde nace el asombro, donde cada uno de nosotros puede convertirse en creador de mundos propios.

Y es que no hay serie ni película que iguale lo que ocurre dentro de una mente que lee. Los efectos especiales más asombrosos no están en Hollywood, sino en el cerebro humano cuando activa su cine interior. Leer es entrar a una sala oscura y luminosa a la vez, donde solo nosotros decidimos cómo se ven los personajes, qué colores tiene el paisaje, cómo suena el viento en una escena que nadie más ve igual.

Por eso, los libros funcionan como puertas secretas: solo se abren para quienes sueñan despiertos. Solo se abren para quienes se permiten una pausa del ruido digital y vuelven a ese espacio donde la fantasía no es un escape, sino una forma de crecimiento.

Hoy, sin embargo, la lectura compite con lo inmediato. TikTok, reels y contenidos efímeros ofrecen gratificación instantánea, pequeñas ráfagas de dopamina que entretienen, sí, pero no construyen. Lo inmediato deja hambre; la lectura, en cambio, alimenta. Alimenta el pensamiento, el lenguaje, la creatividad, el carácter.

Leer: lo que ocurre cuando la mente se enciende. La ciencia confirma lo que la intuición humana ya sabía: leer transforma la estructura de nuestro cerebro.

Cuando leemos, imaginamos (generamos imágenes nuevas, únicas, irrepetibles); desarrollamos empatía (sentimos lo que sienten otros, entendemos realidades distintas); ampliamos vocabulario (con ello ampliamos nuestra capacidad de pensar y de decir); mejoramos la concentración, hoy tan frágil; reducimos el estrés y encontramos refugio emocional y fortalecemos la creatividad, esa que no nace de lo inmediato, sino de la profundidad.

Escribir: el acto de ordenar el alma. La escritura es la hermana secreta de la lectura. Escribir nos permite convertir emociones dispersas en palabras que podemos mirar desde afuera. Lo que antes era un torbellino interno se vuelve frase; lo que era angustia se vuelve comprensión.

Escribir es, muchas veces, el primer paso para sanar, ordenar, procesar.

Educar lectores: abrir puertas hacia dentro.

                •Si queremos niños con imaginación viva, pensamiento propio y mundo interior, necesitamos que lean.

                •No basta con decirlo: los niños deben vernos leer. Deben ver que un adulto también se permite soñar despierto.

A continuación, tres gestos sencillos pueden cambiarlo todo:

  1. Leer con ellos todos los días, aunque sea un par de páginas.
  2. Leer nosotros, porque el ejemplo educa más que las palabras.
  3. Apagar por momentos las redes sociales, para dejar entrar el silencio fértil de los libros.
  4. Educar en la lectura es un acto de amor. Una forma de regalar herramientas para la vida, para el pensamiento, para la sensibilidad.

La puerta sigue ahí. En un mundo ruidoso, rápido y a veces superficial, los libros siguen ahí: pacientes, abiertos, esperando.

Porque cada libro es una puerta que no se abre con llave, sino con voluntad.

Una puerta que lleva a mundos nuevos, pero también, y sobre todo, al mundo de uno mismo.

Por eso, los libros nunca pasan de moda. Porque los que leen no se limitan a mirar la vida: la ensanchan, la iluminan, la sueñan despiertos.

Y quien sueña despierto, inevitablemente, vive más profundamente.

Por Nicolás Cerda Díez
Psicólogo Clínico, Magister en Familia, Matrimonio, Tolerancia y Paz

**Si tienes algún tema que quieres que trate el psicólogo, escríbele al whatsapp +56978655700

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