Comentario de cine: «Avatar: fuego y ceniza»

“Avatar: fuego y ceniza” corresponde a la tercera entrega de la saga iniciada en 2009 por el director James Cameron, una continuación directa que exige haber visto las dos películas anteriores para comprender plenamente sus personajes y conflictos. Aquí no se propone un nuevo punto de entrada, sino una expansión del universo de “Pandora” que se apoya de forma constante en lo ya construido.

Con una duración de tres horas y quince minutos, la película reafirma la vocación de Cameron por el espectáculo visual de gran escala. Concebida para verse idealmente en 3D y en salas IMAX, es en estos formatos donde los efectos alcanzan su máximo impacto y donde el diseño de producción, la profundidad de campo y el uso de tecnología digital aplicada a actores reales muestran el alto nivel técnico de la propuesta. Cabe subrayar que no se trata de una película animada, sino de cine de acción real apoyado en avanzados sistemas de captura de movimiento, lo que explica su inclusión entre las diez producciones con mayor presupuesto en la historia del cine.

El elenco principal regresa con Sam Worthington, Zoe Saldaña, Sigourney Weaver y Stephen Lang, quienes retoman personajes ya conocidos. También se refuerza el trabajo del conjunto de actores, manteniendo la apuesta de la trilogía por el núcleo familiar como eje emocional. Si bien las interpretaciones funcionan correctamente, el relato sigue poniendo el acento en el despliegue visual por sobre una profundización mayor de los personajes.

En el plano narrativo, la cinta ofrece numerosas secuencias de acción visualmente deslumbrantes, aunque también deja ver una estructura reconocible que reproduce esquemas ya presentes en las entregas anteriores. El conflicto vuelve a articularse en torno a la colonización, la violencia y la resistencia, ahora ampliado con la introducción de nuevos clanes y territorios. Entre ellos destaca una cultura asociada al fuego y la devastación, que opera como contrapunto simbólico al imaginario naturalista que definió a “Pandora” desde su origen.

Uno de los aspectos más relevantes del film es su insistencia en un discurso ecológico y político que aquí adquiere un tono más áspero y menos contemplativo. Cameron adopta una mirada más incendiaria, acorde al título, donde la destrucción deja de ser una amenaza abstracta para convertirse en una experiencia concreta. Esta elección intensifica el sentido de urgencia del relato, aunque también refuerza la sensación de reiteración respecto de ideas ya planteadas previamente en la saga.

“Avatar: fuego y ceniza” confirma a James Cameron como un director obsesionado con el espectáculo visual, capaz de llevar el cine comercial a niveles de muy alta exigencia técnica. Al mismo tiempo, deja la impresión de ser una variación más sombría de conceptos ya explorados, poderosa en lo sensorial y efectiva en la acción, pero menos sorprendente en términos de guion. Aun así, como experiencia cinematográfica, la película vale el precio de la entrada.

* “Avatar: fuego y ceniza”, Todo espectador, en los mejores cines del país

Por Rodrigo Pérez Cheuquenao
Magíster, Periodista y Lic. en Comunicación Social.

Visitado 31 veces

Nunca te pierdas una noticia importante. Suscríbete a nuestro Newsletter