Ayuno intermitente no es mejor que una dieta clásica para bajar de peso, revela estudio de UV y hospital argentino

El ayuno intermitente, es decir la suspensión de la ingesta de alimentos por una cantidad de tiempo determinada, puede ayudar a las personas a bajar de peso en forma transitoria, pero esta acción no resulta más eficaz que adoptar una dieta hipocalórica tradicional y, a mediano plazo, puede provocar rebotes importantes que incluso contribuyan a recuperar y aumentar los kilos perdidos.

Así se desprende de las conclusiones del trabajo colaborativo que realizó un equipo internacional de investigadores a cargo de la médica Eva Madrid, académica y directora del Centro Interdisciplinario de Estudios en Salud de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valparaíso (Chile), y del médico del Instituto Universitario del Hospital Italiano de Buenos Aires (Argentina) Luis Garegnani, quien lideró la revisión en el contexto del desarrollo de su tesis doctoral, que dirige la doctora Madrid.

Este reporte representa la mayor revisión de la evidencia disponible hoy sobre este tema y fue publicado en la Biblioteca Cochrane a mediados de febrero, desde donde ha sido consultado y replicado miles de veces, generando una gran repercusión mundial.

En efecto, sus conclusiones desmitifican una corriente muy en boga en medios alternativos y en especial en las redes sociales, que pretenden ver en la suspensión programada del alimento una suerte de receta milagrosa para la pérdida de peso.

También alerta sobre los peligros de adoptar dietas que, pareciendo originales, no consideran o incluyen un aspecto fundamental: sin un cambio de estilo de vida radical que implique hacer más actividad física, llevar una vida menos sedentaria, consumir alimentos nutritivos, equilibrar las proporciones de proteínas, grasas y carbohidratos, y no excederse en el consumo de calorías diarias, es casi imposible mantener la pérdida de peso y, por tanto, de manera inevitable la persona volverá a recuperar los kilos perdidos, con la consiguiente frustración e impacto en la salud física y psíquica.

Según explicó la directora del Ciesal UV, doctora Eva Madrid, la gran mayoría de los estudios evaluados durante esta investigación se realizaron en países de altos ingresos. y con poblaciones sobre todo blancas, mientras que la prevalencia global del sobrepeso y la obesidad se ha triplicado desde 1975 y ya afecta por igual a los países de renta media y baja. “Futuras investigaciones tendrán que tenerlo en cuenta para determinar si el efecto de un tratamiento como el ayuno intermitente varía según el contexto socioeconómico”, apuntó.

“El mensaje principal es que el ayuno intermitente no debe promocionarse como una solución dietética superior ni como mágica”, explicó el médico e investigador del Instituto Universitario del Hospital Italiano de Buenos Aires, Luis Garegnani.

El estudio colaborativo publicado en la Biblioteca Cochrane, y liderado por los especialistas e investigadores del Instituto Universitario del Hospital Italiano de Buenos Aires y del Centro Interdisciplinario de Estudios en Salud de la Facultad de Medicina de la UV, analizó 22 ensayos clínicos —vinculados a mil 995 pacientes— que comparan diferentes modalidades de ayuno intermitente.

El más popular consiste en la restricción horaria, que supone, por ejemplo, comer durante ocho horas al día y ayunar en las restantes 16. También existe la modalidad 12-12, que es la más practicada entre principiantes, o la que las redes llaman “el guerrero”, que consiste en ayunar durante 20 horas seguidas y comer solo en un tramo de cuatro. Además evaluaron el ayuno de días alternos, el llamado método 5-2, es decir, comer cinco días y ayunar dos.

Visitado 53 veces

Nunca te pierdas una noticia importante. Suscríbete a nuestro Newsletter