«Proyecto Fin del Mundo», basada en la novela homónima de Andy Weir publicada en 2021, se presenta como uno de esos films que logran trascender el género al que pertenecen. Dirigida por Phil Lord y Christopher Miller, cineastas que han demostrado su versatilidad en títulos como “La Gran Aventura LEGO” y “Spider-Man: Un nuevo universo”, la película propone una mirada íntima y reflexiva frente a un escenario inquietante que plantea el fin de la humanidad.
Con una duración de 2 horas y 30 minutos, la cinta apuesta por un ritmo pausado que, lejos de volverse monótono, logra sostener el interés permitiendo que la historia se desarrolle con naturalidad. Cada escena cumple un propósito, favoreciendo una conexión sostenida con el espectador. Este trabajo se ve reforzado por una fotografía de gran nivel, cuidada en cada detalle, y por una banda sonora sólida que incorpora un guiño sutil pero significativo a Chile, generando una cercanía que enorgullece.
La historia está protagonizada por Ryan Gosling, quien con una interpretación impecable encarna al científico Ryland Grace. Su personaje, cargado de matices y sensibilidad, no solo enfrenta una misión de proporciones épicas, sino también un viaje emocional que lo impulsa a confrontar sus propios límites, miedos y sentido de propósito. Gosling sostiene el relato con una solvencia interpretativa que logra transmitir autenticidad incluso en las situaciones más complejas.
Aunque se trata de una película de ciencia ficción, se distancia con claridad de referentes espaciales como “Interstellar” o el propio “ET”. No busca replicar fórmulas ni apoyarse en el espectáculo como eje central, sino que construye una historia profundamente humana en un contexto desesperanzador. La ciencia se integra de manera natural al relato, puesta al servicio de las emociones y de los vínculos que le dan sentido.
En coherencia con esa mirada, uno de sus mayores aciertos es el equilibrio tonal que logra mantener. Es una historia hermosa que llena el corazón, donde el humor y la ironía sana operan como un lenguaje universal que aligera la tensión sin restar profundidad. A ello se suman momentos de drama y acción que enriquecen la experiencia, generando una secuencia de emociones que preparan el terreno para un cierre profundamente significativo.
En definitiva, «Proyecto Fin del Mundo» es una obra concebida para ser vivida en pantalla grande, idealmente en formato IMAX, donde su propuesta visual y sonora alcanza su máxima expresión. Más que una película de ciencia ficción, es una experiencia emocional que invita a reflexionar sobre la colaboración, la empatía y el valor de lo humano, así como de aquello que trasciende nuestra propia condición en medio de la adversidad. Una historia que permanece en la memoria, no solo por lo que cuenta, sino por lo que hace sentir.
* “Proyecto Fin del Mundo”, +7, disponible en los mejores cines del país.
Por Rodrigo Pérez Cheuquenao
Magíster, Periodista y Lic. en Comunicación Social.


