Comentario de película: «La Balada de Buster Scruggs»

En el año 2018, los hermanos Joel y Ehan Coen sorprendieron con “La Balada de Buster Scruggs”, una antología de seis relatos ambientados en el Viejo Oeste que mezcla con maestría humor negro, tragedia y violencia. Aunque se trata de una joya poco impulsada por el algoritmo de Netflix y recordada popularmente por una escena que se convirtió rápidamente en meme, esta cinta desafía los clichés clásicos del género con ironía y una cuidada estética visual que actúa, al mismo tiempo, como homenaje y deconstrucción.

Desde la primera historia la cual da el título a la película, los Coen dejan en claro su tono lúdico pero mordaz, demostrando su maestría para transitar de la comedia a la tragedia sin perder coherencia narrativa. Buster Scruggs, interpretado con desbordante carisma por Tim Blake Nelson (recordado por sus apariciones en El increíble Hulk y Capitán América: Un nuevo mundo), es un pistolero cantante que rompe la cuarta pared, es decir, se dirige directamente al espectador apartándose, aunque sea por un instante, de la ficción.

Además de Nelson, destacan las actuaciones de Tom Waits como un buscador de oro entrañable y melancólico; Zoe Kazan, en uno de los relatos más emotivos y humanos de todas las historias, mientras que Harry Melling encarna un papel perturbador que se queda en la memoria. Cada intérprete se funde con precisión en su respectivo universo, aportando matices que enriquecen el dinamismo del filme, un mosaico narrativo donde todos suman capas a la visión agridulce del western que los Coen dibujan con acertada destreza.

La fotografía es otro elemento para destacar, una joya visualmente a cargo de Bruno Delbonnel. Con una paleta de colores que recorre cielos infinitos, desiertos polvorientos y paisajes nevados, cada plano parece una verdadera pintura. El uso magistral de la luz y su composición elevan la experiencia visual recordando que los Coen no solo escriben grandes guiones, sino que también construyen historias hipnóticas. Las imágenes en la historia del “Boleto de comida” y “La chica que se asustó”, son ejemplos del gran cuidado estético.

Pero más allá de lo evidente, lo que pocos mencionan es como la “La Balada de Buster Scruggs” funciona como una reflexión sobre el arte de contar historias. El libro que se abre al inicio de cada episodio no solo funciona como hilo conductor, sino que simboliza lo inevitable de la muerte, una presencia constante en cada relato que los Coen convierten en un viaje que, tarde o temprano, desemboca en el final de la vida. Sin duda, una película que invita a reír, pensar y estremecerse, todo en el lapso de dos horas. Ideal para quienes buscan historias con múltiples lecturas, una dirección impecable y una mirada singular al alma humana y, por qué no, al gatillo fácil.

* “La Balada de Buster Scruggs” (+16) disponible en Netflix

Por Rodrigo Pérez Cheuquenao
Magíster, Periodista y Lic. en Comunicación Social

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