«Los campeones”, dirigida por Bobby Farrelly y protagonizada por el carismático Woody Harrelson, es una comedia deportiva que llegó al catálogo de Netflix sin grandes anuncios, pero que con el tiempo ha sabido encontrar a su público gracias a su tono cercano y a una honestidad que se percibe desde sus primeras escenas. Lejos de buscar el impacto inmediato, la película se apoya en un relato sencillo que avanza con fluidez, depositando su fuerza en los vínculos humanos más que en la competencia misma.
La historia corresponde a una adaptación, inspirada en hechos reales, de la película española “Campeones” de 2018. Farrelly, conocido por un humor más estridente en otros trabajos, conserva aquí la sensibilidad del material original y opta por una mirada más contenida, donde la comedia surge de lo cotidiano equilibrándolo con una mirada empática hacia un grupo de jóvenes con diversidad cognitiva.
Woody Harrelson interpreta a Marcus, un entrenador de baloncesto que atraviesa un momento crítico tanto en lo profesional como en lo personal. Obligado a hacerse cargo de un equipo muy distinto al que imaginaba, el personaje inicia un proceso de transformación que, aunque predecible, está construido con sinceridad. A lo largo de ese recorrido, la película entrega diálogos que permanecen en la memoria, como cuando uno de los jugadores señala “No necesitamos que nos tengan lástima, solo que crean en nosotros”.
El ritmo del filme es pausado y deliberado, privilegiando los momentos compartidos por sobre la urgencia del resultado deportivo. La cámara se acerca a sus protagonistas a través de una mirada respetuosa y lejos de la caricatura, deteniéndose en la convivencia diaria, en la construcción de amistades, en los errores asumidos sin dramatismo y en las pequeñas conquistas personales que dan sentido al recorrido del equipo.
En ese contexto, uno de los mayores aciertos de “Los campeones” es la credibilidad de su elenco, cuya presencia aporta una verdad poco habitual en producciones de este tipo. El básquetbol funciona como un punto de encuentro y entendimiento común, pero nunca desplaza el verdadero eje de la historia, que se sostiene en el aprendizaje compartido y en la capacidad de reconocer al otro sin prejuicios ni condescendencia. Desde ese equilibrio, la emoción surge de forma genuina, permitiendo que cada escena conecte con el espectador desde la sencillez y la cercanía.
Más allá de su silenciosa modestia, “Los campeones” termina por convertirse en una de esas películas que sorprenden por su calidez y su mirada luminosa. Sin aspirar a grandes discursos ni a reinventar el género, encuentra su lugar entre la vasta oferta del streaming dejando una sensación reconfortante e invitando al espectador a involucrarse en una historia humana y profundamente honesta, de esas que se conectan con la emoción y los sentimientos.
* “Los campeones”, 13+, disponible en Netflix.
Por Rodrigo Pérez Cheuquenao
Magíster, Periodista y Lic. en Comunicación Social.


