«Nuremberg: El Juicio del Siglo» se erige como una de las apuestas históricas más sólidas y necesarias del cine reciente. Dirigida por James Vanderbilt, quien regresa a la dirección tras una década alejado de la silla principal, la película confirma que su pulso narrativo sigue intacto. Conocido mayormente por su trabajo como guionista en producciones de distinto calibre con altos y bajos, Vanderbilt demuestra aquí madurez, contención y una mirada clara. Su regreso no es caprichoso, sino meditado, y se nota en cada decisión estética y dramática que privilegia la sobriedad antes que el espectáculo.
La cinta se distancia por completo de “Judgment at Nuremberg”, conocida en Latinoamérica como ¿Vencedores o vencidos?, ya que no busca replicar su estructura judicial clásica ni su planteamiento colectivo. A diferencia de aquella versión, esta producción se basa en el libro “El Nazi y el Psiquiatra” de Jack El-Hai, centrando el relato en el análisis psicológico de los jerarcas nazis. Este cambio de enfoque le permite a la película explorar dimensiones más íntimas y perturbadoras del juicio, desplazando la atención desde la retórica jurídica hacia el estudio de la mente criminal. El resultado es un relato más introspectivo y, en muchos momentos, profundamente inquietante.
Con una duración de dos horas y veintiocho minutos, «Nuremberg: El Juicio del Siglo» mantiene un ritmo firme que evita la dispersión. La fotografía destaca por su sobriedad cromática y su composición clásica, evocando el cine de antaño sin caer en la simple evocación estética. La iluminación tenue y los encuadres cerrados refuerzan la sensación de encierro físico y moral, mientras que la recreación de época está cuidada con meticulosidad. Cada escenario transmite peso histórico y contribuye a una atmósfera densa que sostiene el drama sin necesidad de excesos visuales.
La historia en tanto, gira principalmente en torno a Douglas Kelley, el psiquiatra encargado de evaluar a los altos mandos nazis, interpretado por Rami Malek. Malek compone un personaje obsesivo y meticuloso, aunque en ciertos pasajes incurre en una sobreactuación que rompe momentáneamente la contención general del film. Frente a él se alza la imponente figura de Hermann Göring, el segundo al mando del Tercer Reich tras Hitler, encarnado con brillantez por Russell Crowe. Crowe entrega una actuación excepcional, dominando la pantalla con una mezcla de carisma, arrogancia y cálculo frío que humaniza sin absolver, y que convierte cada diálogo en un duelo psicológico de enorme intensidad.
Uno de los mayores méritos del filme es su valentía al exponer las bases de las ejecuciones nazis y los métodos sistemáticos de exterminio, incluyendo prácticas menos conocidas como la inanición, es decir, la privación prolongada de alimentos como forma de castigo y aniquilación. La película no recurre al morbo, sino que presenta estos horrores con crudeza responsable, recordando al espectador que el mal también puede manifestarse a través de procedimientos burocráticos aparentemente rutinarios. Esa aproximación refuerza la idea de que la barbarie no siempre se expresa de manera evidente, sino que puede instalarse en estructuras administrativas que normalizan lo inhumano.
Más allá de su reconstrucción histórica, «Nuremberg: El Juicio del Siglo» funciona como un llamado urgente a conocer el pasado para no repetir sus atrocidades. La reflexión sobre la obediencia, la responsabilidad individual y la naturalización del horror adquiere una vigencia inquietante en un mundo atravesado por nuevos conflictos bélicos y tensiones ideológicas. Sin caer en discursos explícitos, la película sugiere paralelismos que invitan a la audiencia a mirar el presente con mayor conciencia crítica. En ese sentido, no solo es un ejercicio cinematográfico bien logrado, sino también una obra pertinente y necesaria que confirma que el cine histórico, cuando está bien realizado, puede dialogar poderosamente con la transversalidad del tiempo.
* «Nuremberg: El Juicio del Siglo», +14, Disponible en los mejores cines del país.
Por Rodrigo Pérez Cheuquenao
Magíster, Periodista y Lic. en Comunicación Social.


