En 1953, durante el segundo mandato del primer ministro británico Winston Churchill, este le dijo a un estudiante norteamericano mientras se desarrollaba una ceremonia de protocolo: “Estudia historia, estudia historia. En la historia residen todos los secretos del arte de gobernar”.
Esta frase no fue al azar de parte del hombre que forjó la alianza para derrotar a Hitler y que más tarde fuera galardonado con el Premio Nobel de Literatura tras escribir sobre su experiencia como líder durante la Segunda Guerra Mundial. Churchill, como otros personajes contemporáneos, era fanático de la historia y aprendía de ella para obtener lecciones de actualidad.
En Chile, y pese a haber tenido excelentes historiadores, como Diego Barros Arana, en la que describe la Historia de Chile en dieciséis tomos, o Sergio Villalobos con la historia del pueblo chileno, paulatinamente el estudio de la historia ha ido perdiendo protagonismo y ha sido marginada a un segundo plano, tanto a nivel escolar como universitario. En la educación secundaria, desde el año 2010 a la fecha, se han reducido drásticamente las horas obligatorias del ramo de historia, universal y de Chile, eligiéndose un sistema “optativo”. Se le ha restado su importancia, quedando relegado a meras anécdotas o hechos sin un mayor contenido, obviando la trascendencia que tiene para los jóvenes para permitirles pensar y reflexionar sobre el pasado, presente y futuro. En los centros de educación superior, por su parte, son cada vez menos jóvenes que tienen la inquietud de estudiar historia y es frecuente escuchar el cierre facultades de pregrado que imparten la carrera. Ya especialistas anuncian que habrá un déficit de profesores de educación media, siendo historia una de las más perjudicadas.
Por ello es importante plantearnos: ¿para qué sirve la historia o qué aporte puede proporcionar en la actualidad? En términos muy simples, en el mundo hiper tecnologizado que hoy vivimos, la historia permite aprender del pasado, de sus errores y aciertos, para construir un futuro mejor, siendo además parte esencial de la identidad cultural de cada país o nación. Podemos afirmar, y esto tal vez es lo más importante, permite explicar lo que hoy ocurre en el mundo y por qué sucede, sus razones o fundamentos. Un ejemplo de ello es lo que hoy sucede en Cuba e Irán. En el primer caso, debemos recurrir a la historia de la revolución cubana, liderada por Fidel Castro en 1959, que más tarde se extendió a otros países del tercer mundo, incluido Sudamérica y Chile. Asimismo, si queremos comprender el régimen de los “Ayatolas” hoy existente en Irán, debemos retroceder inevitablemente al año 1979, cuando el Ayatola Jomeini derrocó mediante revueltas populares al Sha de Irán, quién gobernaba esa nación en aquella época, y que era uno de los más firmes aliados de Occidente.
En suma, es necesario y urgente poner de relieve y en su justo lugar e importancia el estudio de la historia en los niveles de toda nuestra enseñanza, especialmente para que nuestros jóvenes puedan comprender el momento que hoy les toca vivir, cuya base y fundamentos radican en sucesos y hechos del pasado.
Por Cristian Pfeifer Bull
Doctor en Historia


