“Cómo ser millonario antes que muera la abuela” es una película dirigida por Pat Boonnitipat, que se ha consolidado como una joya inesperada del cine asiático que conmueve por su honestidad emocional y por la delicadeza con la que retrata los vínculos familiares en el umbral de la despedida. Ambientada en Tailandia, la historia sigue a “M”, un joven que deja su trabajo como streamer para cuidar a su abuela gravemente enferma. Aunque al principio lo impulsa el deseo egoísta de asegurarse una parte de la herencia, lo que parecía un simple cálculo termina convirtiéndose en un recorrido profundamente humano, lleno de descubrimientos, reconexiones y transformación personal.
Más que una historia sobre dinero o enfermedad, la película se convierte en un llamado urgente a reconectar con nuestros adultos mayores. No desde la obligación ni la culpa, sino desde el afecto genuino. “M” inicia su camino por intereses exclusivamente personales, pero a lo largo del relato va descubriendo aspectos desconocidos de su abuela como sus heridas, su amor silente, su historia de vida, y esa fuerza que habita en quienes han visto pasar la vida.
Uno de los aspectos más fascinantes de la cinta es su representación de los rituales que rodean la muerte desde una perspectiva tailandesa-china, cargada de simbolismo y arraigada profundamente en sus tradiciones. Esta mirada cultural, poco frecuente en el cine occidental, enriquece el relato tanto en lo visual como en lo emocional invitando al espectador a repensar sus propias formas de lidiar con la pérdida. Aunque es apta para todo público, no se puede negar que su contenido resonará especialmente en quienes han atravesado procesos de duelo recientes.
A nivel técnico, el filme está construido con una delicadeza notable. La dirección de fotografía, a cargo de Boonyanuch Kraithong, logra capturar la calidez de lo cotidiano tales como los espacios íntimos, las miradas esquivas y aquellos silencios cargados de significado. Y si hay algo que destaca de forma inolvidable es la actuación de Usha Seamkhum, quien a sus 78 años debuta en el cine con una interpretación profundamente humana, llena de matices, contención y verdad.
Lejos de las producciones hollywoodenses un tanto forzadas, esta cinta no teme adentrarse en conflictos reales como suelen ser las rivalidades entre hermanos, las apariencias, el abandono y los remordimientos. Pero también reserva espacio para el perdón, el afecto y la posibilidad de sanar antes de que sea tarde. Una nueva ola del cine asiático que no teme ser profundamente local para alcanzar lo universal, y su éxito confirma que las emociones auténticas no conocen fronteras.
*“Cómo ser millonario antes que muera la abuela”, Apta para Todo Público, disponible en Netflix y Prime Video.
Por Rodrigo Pérez Cheuquenao
Magíster, Periodista y Lic. en Comunicación Social.


