Comentario de película: «La dictadura perfecta»

En “La dictadura perfecta”, cinta mexicana, su director Luis Estrada vuelve a demostrar su maestría para diseccionar el entramado político de su país con ironía y una mirada que oscila entre la sátira y el drama social. Conocido por su trilogía crítica al sistema de su natal México (La ley de Herodes, Un mundo maravillosoyEl infierno) Estrada consolida aquí su lugar como uno de los directores más lúcidos en contra la corrupción latinoamericana.

Protagonizada por Damián Alcázar, eterno cómplice artístico de Estrada, y un sólido elenco que incluye a Alfonso Herrera, Joaquín Cosío y Silvia Navarro, la película narra cómo una televisora (clara referencia a Televisa) manipula la opinión pública para limpiar la imagen de un gobernador corrupto para así convertirlo en héroe nacional. Lo que podría ser una comedia ligera se transforma en un retrato escalofriante sobre la manipulación mediática, la fabricación de narrativas y la fragilidad del pensamiento crítico en sociedades saturadas por las pantallas.

Estrada construye una puesta en escena de ritmo frenético, donde las noticias se transforman en espectáculo y la política en producto. Su estilo, cercano al realismo grotesco, combina la estética del noticiero con la de un circo, dejando en evidencia que la verdad, en el contexto mediático, ya no importa tanto como la emoción. Las actuaciones refuerzan esta sensación, aquí su protagonista se mueve entre el cinismo y la impotencia moral, mientras  que otro de los personajes ofrece una caricatura del poder autoritario disfrazado de carisma popular.

En términos cinematográficos, la cinta logra un equilibrio notable entre entretenimiento y denuncia. Su humor corrosivo y su guion preciso impiden que la reflexión se vuelva panfleto. Estrada entiende que el sarcasmo es un arma política, y su película la empuña con una mezcla de rabia y lucidez que pocos directores latinoamericanos han sostenido con tanta coherencia a lo largo de su filmografía.

Desde nuestra mirada nacional, “La dictadura perfecta” adquiere una resonancia inquietante. En vísperas de un nuevo ciclo electoral, donde las redes sociales y los medios tradicionales ya han comenzado a moldear discursos y emociones, el filme de Estrada se percibe como una advertencia. Las estrategias de manipulación política (la imagen cuidadosamente editada, la indignación prefabricada, el enemigo inventado) parecen haberse globalizado y como en la película, el ciudadano se ve atrapado entre el espectáculo y la verdadera realidad.

En tiempos donde la verdad compite con los algoritmos y las fake news, “La dictadura perfecta” sigue siendo una obra visionaria a la cual se le debe poner especial atención. Más que una película, es un recordatorio de que los dictadores modernos ya no necesitan votos ni fusiles, sino más bien un público dispuesto a creer.

* “La dictadura perfecta” +16, disponible en Netflix.

Por Rodrigo Pérez Cheuquenao
Magíster, Periodista y Lic. en Comunicación Social.

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